El lucrativo mercado nostalgia

¿Cuantas veces un olor, un sabor e incluso un sonido no les han traído recuerdos? ¿Cuantas veces ver algo nos transporta a otra época de nuestra vida?

Viviendo fuera del país de origen estos sentimientos y pensamientos se magnifican de manera importante, y yo le llamo el lucrativo mercado nostalgia.

Muy frecuentemente la gente me pregunta si en Nueva York consigo algo de las millones de cosas que se me antojan de mi país. Mi respuesta es otra pregunta: ¿ustedes creen que las grandes corporaciones iban a desaprovechar la gran población latina que vive en EU?

Específicamente en Nueva York la comunidad mexicana es muy grande. Incluso dicen que hay más poblanos en NY que en el mismo Atlixco.

Hablando de los lugares que mejor conozco en la ciudad se encuentra Sunset Park en Brooklyn y El Barrio en Harlem, que es la parte norte de Manhattan. Siempre he dicho que de alguna manera es lo mejor de los dos mundos.

Es increíble sentirse en casa: elotes, tamales, frutas, aguas frescas e incluso quesadillas en la calle. Infinidad de restaurantes donde se encuentra desde pancita y pozole hasta cemitas y barbacoa.

Una gran cantidad y variedad de productos que sin duda nos lleva a recordar nuestra infancia, nuestro lugar de origen, a nuestra familia y que nos orilla al consumo de productos chatarra, seguramente malos para la salud pero que psicológicamente nos reconfortan y nos dan un extraño sentido de paz aunque sea momentáneo.

En estos “abarrotes” se consiguen desde Pingüinos Marinela hasta Jabón Zote, pasando por Duvalin y Sabritones hasta Vitacilina y Teatrical. En su mayoría también son carnicerías donde podemos encontrar bisteces, una milanesa, manitas de puerco, cecina, chicharrón, etc. Y claro, también las tradicionales panaderías donde ocasionalmente me compro una concha o una oreja.

Muchas veces sólo por indiferencia, por falta de experiencia y conocimiento, pensamos que las cosas en otros lugares del mundo son iguales a como son en México. Nada más lejano de la realidad. Lo único que es igual es la necesidad que tenemos de sentirnos un poco en casa. Y créanme, las grandes corporaciones lo saben y no lo hacen precisamente por “buenos”. Es sumamente ingenuo pensar que porque vivimos fuera no van a lucrar con nosotros.

Yo mientras agradezco poderme comer un Gansito aunque después me arrepienta.

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